Los economistas ultiman rebajar del 6% su previsión de crecimiento para 2021 tras la revisión a la baja del INE

El importante salto a terreno positivo que experimentó la economía española en primavera tras la reducción de la tercera ola de Covid resultó ser un espejismo. Ayer, el Instituto Nacional de Estadística (INE) recortó sin precedentes su estimación de crecimiento del PIB en el segundo trimestre del año (del 2,8% al 1,1% intertrimestral y del 19,8% al 17,5% interanual), amenazando con reducir las perspectivas de crecimiento para el conjunto del año por debajo del 6%.

El INE achaca esta rebaja de sus estimaciones del 30 de julio a que en ese momento sólo disponía de datos hasta mayo, que se diluyeron drásticamente al incorporar los datos de junio y las cifras de ventas de las grandes empresas y las pymes recopiladas por la Agencia Tributaria en las declaraciones del IVA. Esto, junto con la revisión de la tendencia anual y la inclusión de nuevos datos sobre el empleo y la balanza de pagos, mostró que la recuperación fue inferior a la estimada en lo que respecta al consumo de los hogares, la inversión y la actividad en los servicios, la hostelería y algunos sectores manufactureros.

La mayor revisión a la baja firmada por el INE, que pone de manifiesto la dificultad de los cálculos estadísticos asociados a los altibajos de la pandemia, pilló desprevenidos a los economistas en medio de una serie de revisiones al alza de las previsiones. El martes, la OCDE elevó su estimación de crecimiento del PIB español en 2021 en 0,9 puntos, del 5,9% al 6,8%. El Banco de España, por su parte, mejoró su previsión para este año en una décima, hasta el 6,3%. Una mejora que el organismo de control atribuyó a los “sorprendentemente” buenos datos del INE para el segundo trimestre, cuando el organismo de control esperaba un aumento del 2,2% sobre la base de una estimación de crecimiento del consumo de los hogares del 2,9%, que los estadísticos habían elevado inicialmente al 6,6%. Esta cifra fue revisada a la baja hasta el 4,7%. Toda la proyección, que incluía un aumento del 2,7% en el tercer trimestre, está ahora en duda.

Paralelamente a la publicación de estas previsiones y apenas 48 horas antes de que las proyecciones de crecimiento del INE fueran cuestionadas ayer, el Gobierno aceleró el martes la aprobación de un nuevo cuadro macroeconómico que será la base del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022. La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Economía, Nadia Calviño, se mantuvo en su estimación de que el PIB crecerá un 6,5% este año y un 7% el próximo, aunque aseguró que el ritmo diario de actividad previo a la crisis se recuperará a finales de año.

A pesar de la fuerte corrección de ayer, Calviño se negó a revisar sus previsiones, diciendo que no lo había hecho cuando los datos eran mejores y confiando en que el crecimiento continuaría este año. Su ministerio espera que “esta recuperación se acelere en el tercer trimestre”.

Sin embargo, los economistas y los principales analistas están ultimando la rebaja de sus previsiones de crecimiento con el objetivo de que el crecimiento del PIB para 2021 sea inferior al 6%.

“Incluso una mayor recuperación en el tercer trimestre nos obliga a rebajar nuestra previsión para todo el año. La economía tendría que crecer en torno al 8% en los dos últimos trimestres para mantener la previsión de crecimiento del 6,3% para el conjunto de este año”, explica Raymond Torres, director de perspectivas económicas de Funcas, que espera que la cifra se mantenga por debajo del 6%. En su opinión, gran parte de la corrección se debe al impacto de la inflación, ya que el coste adicional de la electricidad reduciría la capacidad de consumo de las familias y aumentaría los costes de las empresas. Torres parte de la base de que la recuperación sólo se retrasa en gran medida, pero especifica que el crecimiento parece ser menos vigoroso de lo esperado.

“La revisión del INE supone una reducción significativa. Significa que en el año pasaremos de un crecimiento del 5% en lugar del 6% o del 5,5% en lugar del 6,5%”, estima José Emilio Boscá, catedrático de análisis económico básico de la Universidad de Valencia y asociado de Fedea, según la proyección utilizada. Sin embargo, lo que más le preocupa es que la revisión muestra “una pérdida de productividad de aproximadamente un punto, lo que cambia el panorama”. Se trata, según él, de un paso atrás que complica las perspectivas de la subida del salario mínimo que acaba de impulsar el Gobierno y de la reforma fiscal que se está estudiando.

En concreto, la productividad ha pasado de crecer al 0,7% a caer al 1,1% anual (el aumento de las horas trabajadas se mantiene en el 4%) y la inversión, que crecía al 2,2% a principios de año, ha caído un 3,3%.

Sin embargo, tanto Torres como Boscá destacan que el crecimiento registrado es considerable. De hecho, el aumento interanual del PIB en primavera sigue siendo el más alto registrado, aunque hay que tener en cuenta que es comparable al periodo del Gran Cierre.

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