La mayoría de la gente utiliza mascarillas al aire libre, aunque ya no sea obligatorio: “Hay que seguir siendo responsable”, aconseja el responsable de sanidad.

La mayor parte de la población sigue llevando mascarilla al aire libre//video: El Mundo
Covid-19 ¿Cómo cambia la ley sobre las máscaras a partir del sábado?
Covid-19 Coronavirus al aire libre: fuera de un entorno cerrado, sólo se infecta una persona de cada 1.000.
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“Es curioso que mucha gente lleve máscaras”. Carlota y Pablo, de 30 años, pasean un bulldog en la Plaza de las Comendadoras del centro de Madrid. Son de los pocos peatones que no llevan mascarilla, que se puede utilizar en el exterior en toda España desde este sábado. “Como los dos hemos tenido el virus, no estamos preocupados. Es una liberación cuando te lo puedes quitar”, coinciden.

Madrid roza los 30 grados, antes de la 1 de la tarde Madrid es una oda al uso de las máscaras. Arcadi Espada lo llama el síndrome del cerebro vacío. Aunque algunos estudios han demostrado que sólo el 0,1% de las infecciones se producen al aire libre -sólo una de cada 1.000-, la mayoría de la gente opta por cubrirse la nariz y la boca. Europa está en alerta máxima por la variante Delta a partir de este sábado. “¿Síndrome de Estocolmo? No, no”, responde Cristina. Cuando se levanta de la terraza de la Plaza de Pedro Zerolo, sufre de una máscara. “Es más seguro seguir llevándolos. Somos vecinos del centro”, explica, hablando en nombre de su compañera, “y sabemos que es muy difícil mantener la distancia de seguridad con los demás.”

  • “Deberías llevarlo”, interviene en la conversación.

El gobierno hace una excepción para el uso de máscaras en el exterior si hay al menos un metro y medio de distancia entre las personas, a menos que sean compañeros de residencia. La acera de la calle Hortaleza es difícil de transitar manteniendo la separación. Martha lee una carta de una pizzería del barrio. Ella y sus dos hijos llevan máscaras. “Hay mucha gente aquí. Una vez que lleguemos a una calle más limpia, nos los quitaremos”.

Una camarera del bar Azumbre, en el Paseo de Eduardo Dato (Chamberí), observa a los clientes apoyados en el marco de la puerta. Se llama Joana y tiene 33 años. “No sé por qué no me lo quité. Si voy a acercarme a los clientes, prefiero ponerme una máscara. No me siento seguro sin ella. Porque luego me voy a vacunar…”, razona. También se ha dado cuenta de que la mayoría de la gente sigue llevándolos. “De camino al metro, en la calle, todo el mundo lo llevaba”.

“EL PROBLEMA AHORA SON LOS JÓVENES”.
Lourdes es una señora mayor que espera en un paso de peatones en Santa Engracia. No quiere decir su edad. Ella responde de forma poco sincera y pletórica: “Hombre, el problema ahora lo tenéis los jóvenes. Ya estoy vacunado. Es una alegría disfrutar del aire en mi cara. Salí a caminar sólo para sentir esa sensación”, dice la mujer sobreviviente.

Dos amigos caminan por la calle hacia Alonso Martínez. Caminan a toda prisa. Mónica tiene la máscara quitada, Maddi la tiene puesta. “Todavía no me siento segura”, dice Maddi. “Cuando veo a mucha gente junta, me lo pongo, pero aquí”, mira a su alrededor, “prefiero quitármelo”, dice Mónica. “Es extraño ver las caras de la gente. Siento que me falta algo”.

Víctor trabaja como portero en la calle Almagro 23. Este edificio alberga un laboratorio que realiza pruebas para detectar el virus. “Hombre, es obvio por qué llevo una máscara”. Hasta las 11:30, la cola se extendía a unos metros de la puerta del edificio. “El que está detrás de la máscara soy yo, ¿sabes lo que quiero decir? No importa el tiempo que haya pasado, algo podría haber quedado aquí. Viene mucha gente”.

En la penumbra, en la penumbra del vestíbulo, una mujer de mediana edad sin máscara espera al aire libre. “Es oportunismo político”, piensa Víctor. “Es obvio. En verano, en vísperas de las vacaciones, con el perdón… Por supuesto que se quitan la máscara. También te digo: cada uno puede hacer lo que le parezca mejor. No voy a hacer que te pongas una máscara y no vas a hacer que me la quite.

Los cuatro pasajeros del Audi descapotable que va a Alcalá llevan máscaras.

“DEBEMOS SEGUIR SIENDO RESPONSABLES”.
Patricia, de 25 años, ha venido desde Puertollano para someterse a un examen veterinario. “Bueno, lo hice bien”, dice detrás de su paño quirúrgico.

  • “¿Por qué lo llevas?

-¿Una máscara? -Olvidé quitármela al salir de clase.

En el exterior de la iglesia de San Fermín de los Navarros, una pareja vestida con ropa cómoda observa la salida de un grupo de novios hacia su boda al otro lado de la calle. Los invitados rodean a los novios. Gritan con alegría: nadie lleva máscaras. Observan la escena como si fueran testigos del aterrizaje de un OVNI. Prefieren no dar sus nombres. “Soy higienista”, responden, “y creo que es demasiado pronto para prescindir de ellos. Debemos seguir siendo responsables.

El conductor toca el claxon a la feliz y expuesta pareja de recién casados.

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