La Universidad estrena su 'nueva normalidad', pero con mascarillas

Los alumnos y profesores vuelven a clase con todas las precauciones de asistencia y antivirus.

La Universidad de Granada (UGR) está de vuelta. Las aulas estaban llenas, las cafeterías no dejaban de recibir gente y el bullicio en los pasillos daba al campus un toque de vida universitaria este lunes. Vera Ferrón, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, dio la bienvenida desde el escenario a los alumnos de primer curso del doble grado en Economía y Dirección de Empresas y Derecho. Estaba emocionado por verlos a todos en clase. El grupo era de ochenta personas y casi todos estaban allí. Había mucho espacio entre los asientos porque la clase era grande. Habían retomado la enseñanza porque el 13 de septiembre habían iniciado un sistema de enseñanza combinada con grupos alternos en el aula y en casa.

La “rentrée” de la universidad en este curso 2021-2022 trajo imágenes similares a las de antes de marzo de 2020, cuando la pandemia interrumpió la vida de un día para otro. No es lo mismo, pero la sensación general entre los estudiantes es que por fin han conseguido recuperar un trozo de la vida universitaria. Pero con las cortinas, el gel hidrolol en el bolso y las puertas y ventanas del aula abiertas, están en la sala de juntas o en el colegio.

El campus de Cartuja estaba lleno de gente que iba y venía. Las laderas, hasta ahora casi desiertas, eran un río de estudiantes, los aparcamientos de los distintos centros estaban llenos y los alumnos no faltaban a sus clases. En el primer año de la doble titulación de Derecho y Administración y Dirección de Empresas, Vera Ferrón explicó la asignatura Fundamentos de la Administración y Dirección de Empresas, y los alumnos escucharon la conferencia con sus libros de texto abiertos y muchos de ellos con un ordenador en su mesa para tomar notas.

En otra aula, la profesora María Visitación Hurtado explicaba los conceptos de su asignatura de Informática Aplicada a la Gestión Empresarial a un pequeño grupo de alumnos de cuarto curso de Comercialización e Investigación de Mercados. Sólo tuvieron un curso “normal” porque cuando estaban en el segundo año, surgió el covid-19. Por eso, muchos de ellos dijeron que se alegraban de volver a ver las caras de sus profesores (no a través del ordenador) y de que estuvieran todos juntos.

La Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, junto con la Facultad de Ciencias, es la facultad con mayor número de estudiantes, con aproximadamente 5.000 alumnos cada una. A ellos se suman los profesores (hay unos 400 en Economía) y el personal administrativo y de apoyo. Este lunes, la entrada estaba llena de gente, todos con máscaras. No había gente en los pasillos entre clases y el silencio era ensordecedor. Había cola en la Secretaría y la distancia era de más de un metro. Las puertas abiertas de las aulas hacían que las explicaciones de algunos profesores se oyeran en los pasillos. En algunas aulas, los alumnos disponen de hidrogel y papel para limpiar sus puestos.

Esfuerzos organizativos

El decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, el profesor Rafael Cano, explicó que estaban contentos de poder volver a la asistencia completa y retomar la vida universitaria. Tuvieron que hacer un gran esfuerzo para equilibrar todos los grupos en las clases y mezclar varios grados en diferentes alas y áreas del centro.

Raquel y Almudena, que estudian administración y dirección de empresas, esperaban su momento en la puerta de la facultad. Raquel de Rute (Córdoba) y Almudena de Lopera (Jaén) comentaron lo especial que han sido estos meses de enseñanza con la pandemia. Sólo tuvieron un primer año “normal”. Después de eso, fue difícil concentrarse en la enseñanza en línea y en los exámenes virtuales, que recuerdan con la mayor preocupación. Lamentaron unánimemente no poder disfrutar de la vida universitaria. En el curso escolar 2020-2021, pagaron el alquiler de apartamentos, pero pasaron la mayor parte del tiempo en sus ciudades de origen.

Marina de Hoyos, estudiante de cuarto curso de musicología, desayunaba en el comedor de la Facultad de Filosofía y Letras, con terraza a la calle y una espectacular vista de Granada, con Mariel Mairena, que estudia arqueología. Se alegraron de volver a clase. A Marina, que es de Chiclana de la Frontera (Cádiz), le gustaría pasar todo el tiempo en la Universidad de Granada y no en su casa, donde vería las clases a distancia y no podría hacer prácticas “normales”. Mariel echaba de menos sus prácticas de campo en arqueología. Este verano pudo estar en Salar y fue una gran experiencia.

Marina, con un gel hidroalcohólico en el bolso, sonreía aliviada cada vez que decía algo sobre la vuelta a la enseñanza presencial. Sin embargo, confesó que todavía no se atreve a ir a la discoteca y disfrutar de su tiempo libre; tiene un poco de miedo. “Espero que volvamos a ser como antes”, confía. Mariel se rió cuando dijo que en realidad no quería ir a la discoteca: “Covid-19 me hizo más de mascota. O tal vez sean los años.

Marina de Hoyos, estudiante de cuarto curso de musicología, desayunaba en el comedor de la Facultad de Filosofía y Letras, con su terraza en la calle y una espectacular vista de Granada, con Mariel Mairena, que estudia arqueología. Se alegraron de volver a clase. A Marina, que es de Chiclana de la Frontera (Cádiz), le gustaría pasar todo el tiempo en la Universidad de Granada y no en su casa, donde vería las clases a distancia y no podría hacer prácticas “normales”. Mariel echaba de menos sus prácticas de campo en arqueología. Este verano pudo estar en Salar y fue una gran experiencia.

Marina, con un gel hidroalcohólico en el bolso, sonreía aliviada cada vez que decía algo sobre la vuelta a la enseñanza presencial. Sin embargo, confesó que todavía no se atreve a ir a la discoteca y disfrutar de su tiempo libre; tiene un poco de miedo. “Espero que volvamos a ser como antes”, confía. Mariel se rió cuando dijo que en realidad no quería ir a la discoteca: “Covid-19 me hizo más casera. O tal vez sean los años, soy mayor”.

En otros campus, como el de Aynadamar en la Facultad de Bellas Artes, todos han vuelto a las aulas. El decano Francisco José Sánchez Montalbán informó de que todo se desarrolló “sin problemas”. Todo ha ido bien”.

María Carmen Carrión, decana de la Facultad de Ciencias de Fuenteneuve, dijo que todo había ido “muy bien” y que los alumnos y profesores estaban “muy satisfechos”.

La arquitectura pospone la participación al 100%

La Escuela de Arquitectura ha pospuesto el 100% de la participación hasta el jueves. “Necesitamos el lunes y el martes para ajustar la escuela a la situación original. Las clases de esos dos días se imparten íntegramente en línea. El miércoles es un día de trabajo intenso, pero sin clases: es un día en el que no se imparten reuniones, consultas, estudio, etc.)”, explicó su director, José María Manzano, quien añadió que el jueves será de asistencia completa, con medidas de ventilación, mascarillas, lavado de manos y evitar la concentración durante el cambio de clases, entre otras.

La universidad, que cuenta con una veintena de facultades y escuelas en Granada, está readmitiendo a sus alumnos y cerrando las cámaras para la transmisión de las clases por Internet. Si es necesario, algunos centros estarán equipados con aulas con espejos en caso de que quepan más alumnos de los que caben en el aula. También se están adaptando los servicios de la UGR para eliminar la capacidad. Continúan las medidas contra las inundaciones en forma de máscaras, ventilación, etc.

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